Hace unos días, tuve la oportuniad de asistir al seminario “Gestión en un mundo indescrifrable”, organizado por la Pontificia Universidad Católica, y la Escuela de Ingeniería, a través de su Departamento de Ingeniería Industrial.
Fue un espacio valioso para quienes creemos que el liderazgo hoy consiste en entender, escuchar y conectar, y que en los temas difíciles, es muy poco probable tener la respuesta.
De los expositores, destaco el trabajo de Roberto Rigobón. Con una claridad envidiable, nos recordó que el camino hacia las buenas decisiones no comienza con certezas, si no con preguntas.
Su fórmula fue simple y poderosa, pasar del Ruido a las Preguntas, y de las Preguntas a las Recomendaciones.
Nos invitó a mirar el Ruido político, el Riesgo económico y la Revolución tecnológica no como obstáculos, sino como oportunidades para reflexionar. Su reflexión sobre pasar del Wealth al Welfare (pasar de la Riqueza al bienestar) me pareció inspiradora. Trabajar en encontrar cómo la tecnología puede ayudarnos a construir bienestar, no sólo riqueza.
Dentro del panel de discusión, la participación de Marina Tannenbaum fue espléndida. Reafirmó que la clave no está en adoptar la tecnología por moda, si no que debe ser integrada desde la cultura, la estrategia y la estructura. La tecnología es un eje organizacional que debe ser incorporado (aunque sea más tarde que temrpano) y no es necesario que cada líder se especialice en el tema, si no que lo incorpore en sus equipos de trabajo cercano.
Aunque también volvimos a la realidad, cuando actores políticos parecen atrapados al intentar dialogar con la altura que los desafíos actuales exigen.
Salí del seminario con una doble sensación. Con la inspiración por la lucidez de algunos líderes, pero con la decepción de quienes pierden la oportunidad de estar a la altura.
Gracias a la Universidad Católica, a la Escuela de Ingeniería, y a todos quienes hicieron posible una jornada que, al menos por unas horas, nos recordó que el futuro no se adivina… se diseña.
